domingo, 11 de mayo de 2008

EL TIEMPO PASA PERO NO TANTO


Al concluir la semana del 5 al 9 llegó a mis manos una película encargada hace un rato para refrescar recuerdos de los 60 y la sorpresa resultó fuerte cuando al iniciarla parecia tratarse de un relato de acontecimientos ocurridos durante la misma semana.


video



En esta misma relación encontré algunos escritos producidos hace mas de dos años que me pusieron a pensar una vez mas en el secreto que puede esconderse tras las frase de García Marquez repetida en diversos pasajes de Cien años de soledad: EL TIEMPO PASA PERO NO TANTO.




"POLICIAS Y ESTUDIANTES
Una compleja relación para pensarla desde la óptica del pensamiento complejo
Collage de verso y prosa
Guillermo Aníbal Gärtner Tobón
Terrícola y Profesor Asociado
Universidad Tecnológica de Pereira y de la vida
Departamento de Humanidades e Idiomas


Primera pega a manera de abstract no ortodoxo:

“Después de cierto tiempo, algunos ocupantes comenzaron a tener conversaciones, primero individualmente y después en pequeños grupos, con los policías que hacían el piquete. Esto ha llevado a los estudiantes a hacer descubrimientos sorprendentes: también los policías pertenecen a una clase …..el hecho de que los policías se deberían considerar como oprimidos y aún más que cualquier sector de la población… Se daban perfecta cuenta del carácter opresivo de toda forma de autoridad, la que los superiores ejercen sobre los policías, no la habíamos experimentado y ni siquiera podíamos imaginarnos qué cosa era. Estaban perfectamente en condición de individualizar las diferencias de clase existentes en la sociedad (y en el cuerpo de policía) y de comprender que la cultura es un patrimonio de clase utilizado para oprimir (y estafar) a las clases inferiores, que la ley (y la constitución que mostraban conocer a la perfección) eran mistificaciones utilizadas para legitimar el poder los patrones..”


“Cuando llega el momento de marchar,
muchos no saben
que su enemigo marcha a la cabeza.
la voz que los manda
es la voz de su enemigo.
el que habla del enemigo
es el propio enemigo.”


Bertold Brecht




LA POLICÍA

Desde el principio de la agitación, la policía (o los carabineros, o la motorizada) han puesto una posta delante del Palazzo Campana. La posibilidad de que el Rector inesperadamente ordenase que la policía los echase del Palazzo Campana (cosa que entra en la praxis de las ocupaciones universitarias) siempre ha estado presente en la mente de los ocupantes como un sentimiento del carácter provisional de la situación en que nos encontrábamos, y el sentido de liberación que se probaba dentro de la Universidad, finalmente liberada de la presencia opresiva de los profesores, siempre han tenido su contrapartida en la conciencia de que la situación estaba garantizada solamente por la decisión de las autoridades académicas de que la policía no interviniese inmediatamente. En realidad, la situación se basaba en un equívoco, y la policía no ha intervenido mientras las autoridades académicas han nutrido la esperanza de que la ocupación terminase por agotamiento interno. En el momento en que los ocupantes han demostrado que sabían superar el difícil obstáculo de las vacaciones navideñas, la policía ha intervenido inmediatamente, y desde aquel momento no nos han dado tregua. El paraíso de los seminarios y la libertad de la discusión colectiva han podido seguir existiendo sólo por el hecho de que no los consideraban peligrosos.

Después de pocas semanas de ocupación, la comisión de Psicoanálisis ha empezado a analizar las raíces psicológicas del temor de la policía, contemporáneamente con el trabajo de análisis de las actitudes de sumisión con respecto al cuerpo docente. Se ha llegado a la conclusión de que el miedo a la policía no era tanto el temor a su presencia física, como el que daba la conciencia de no haber logrado aún una suficiente cohesión organizativa, que nos garantizase la posibilidad de mantener nuestra unión y los canales de comunicación que habíamos establecido entre los estudiantes en lucha, una vez que no tuviésemos más el Palazzo Campana como punto de referencia para nuestras reuniones. El miedo a la intervención de la policía no era otra cosa que la conciencia de nuestro propio aislamiento y del hecho de que la fuerza pública, como todo tipo de intervención represiva, era el instrumento mediante el cual se realiza la atomización y la opresión individual del cuerpo estudiantil, privado de la dimensión colectiva de su praxis.

Después de cierto tiempo, algunos ocupantes comenzaron a tener conversaciones, primero individualmente y después en pequeños grupos, con los policías que hacían el piquete. Esto ha llevado a los estudiantes a hacer descubrimientos sorprendentes: también los policías pertenecen a una clase.

Los policías con que hemos hablado seguían atentamente las fases de nuestra lucha, leían y discutían nuestros documentos y estaban en condición de establecer paralelos entre el autoritarismo académico y el autoritarismo de la escuela elemental como ellos la habían experimentado parcialmente. Se daban perfecta cuenta del carácter opresivo de toda forma de autoridad, la que los superiores ejercen sobre los policías, no la habíamos experimentado y ni siquiera podíamos imaginarnos qué cosa era. Estaban perfectamente en condición de individualizar las diferencias de clase existentes en la sociedad (y en el cuerpo de policía) y de comprender que la cultura es un patrimonio de clase utilizado para oprimir (y estafar) a las clases inferiores, que la ley (y la constitución que mostraban conocer a la perfección) eran mistificaciones utilizadas para legitimar el poder los patrones. Probaban, y esto se ha verificado sobre todo después de los primeros arrestos de los estudiantes en lucha, un odio y un antagonismo de clase hacia nosotros, concientes del hecho que nuestra agitación, en gran parte, era el resultado de nuestra condición social privilegiada, que toda la consecuencia que esto les traía era la de obligarlos a aburridas y frías horas de vigilancia durante los piquetes. A pesar de esto, algunos han aceptado nuestra invitación de visitar la universidad ocupada, y han pasado horas enteras discutiendo de política con los ocupantes (y bebiendo vino durante las horas de servicio).

En breve tiempo, decidimos recopilar el mayor número posible de informaciones sobre la policía y tener cuantos coloquios fuesen posibles con los policías del piquete, para tener al final de las vacaciones de Navidad un debate público abierto a toda la ciudadanía sobre las divisiones de clase dentro del cuerpo policíaco, sobre el hecho de que los policías se deberían considerar como oprimidos y aún más que cualquier sector de la población. Teníamos la esperanza de lograr un gran efecto formativo para este debate, que la interrupción de la ocupación no nos ha permitido realizar. Desdichadamente, el deseo de utilizar nuestras relaciones-choques con la policía en función de la formación política de los ocupantes, se ha visto frustrado repetidas veces por algunos grandes errores cometidos por la dirigencia.

Por ejemplo, después de la segunda reocupación inmediatamente seguida de la intervención de la policía, la asamblea de los ocupantes, después de haber tomado la decisión de oponer resistencia pasiva, se ha visto obligada a volver sobre sus propias posiciones a causa de algunas molestas intervenciones de la dirigencia, la que ha invitado a los ocupantes a salir voluntariamente (adiós al tan alabado valor de la desobediencia civil), o bien ha atemorizado a los estudiantes con la historia de que el jefe de policía había enviado a los comisarios más malos y brutales para que nos desalojaran de la universidad (distinción entre policías buenos y malos, lo que demuestra que la dirigencia no había comprendido nada del razonamiento que estábamos llevando sobre la composición y sobre las funciones sociales de la policía).

Afortunadamente los 400 ocupantes que fueron desalojados, en la tercera reocupación del 10 de enero, han decidido oponer resistencia pasiva y trancar las puertas ante la policía, la que se ha mostrado muy brutal; decisión que puede parecer insignificante y de poca importancia si no se hubiese tomado en un ambiente como el de Turín, donde la falta casi absoluta de manifestaciones callejeras, desde 1962 en adelante (salvo alguna piedra lanzada por los obreros de la Fiat durante las huelgas del 66) le han quitado a los militantes turineses, hasta los más decididos, toda posibilidad o veleidad de enfrentarse con la policía (Turín es una ciudad donde por tradición y por espíritu acomodaticio nunca se pega, donde incluso los choques con los fascistas suceden en el plano de un cordial intercambio de insultos, donde la policía solamente ha recibido o ha dado nada más que algunas patadas por las canillas).

Después del 10 de enero, con el inicio de la agitación blanca, la policía ha hecho de la Universidad su casa. Decenas de comisarios, inspectores, mariscales en traje de civil con el subteniente a la cabeza, andaban por los pasillos de la Universidad, asistían a las lecciones, tomaban apuntes sobre los careos entre estudiantes y profesores. El Rector daba la lección con dos policías a los lados de la cátedra, hacían que sacaran del aula a la mitad de su auditorio que había venido a interrumpirle la lección, llegaba incluso a movilizar seis comisarios de una sola vez solamente para convencer a un estudiante de los que habían venido a interrumpirle la lección a que se quitara el sombrero, ya que ésta era la condición impuesta por él para proseguir regularmente la lección.

Si la cosa ha resultado escuálida por el hecho de que los estudiantes no han sabido reaccionar con la violencia ante la presencia de la policía en la Universidad, por otra parte ha resultado instructivo porque los estudiantes han comprendido que los profesores y policías son personas a las que el Estado y la sociedad les ha asignado una sola tarea: reprimir las agitaciones, oprimir a los estudiantes, desbaratar sus instancias políticas, tanto con la violencia y las denuncias ante la magistratura en caso de agitación, como con la didáctica autoritaria en caso de situación “normal”.

Fragmento del escrito de Guido Viale “Contra la Universidad” publicado en PENSAMIENTO CRÍTICO reproducción de “quaderni pacentini” No. 33).



La guerra que vendrá
no es la primera. Antes de ella
hubo otras guerras .
cuando terminó la última
hubo vencedores y vencidos.
Entre los vencidos la gente humilde
pasaba hambre. Entre los vencedores
pasaba hambre también la gente humilde.


Bertold Brecht









Santa Rosa de Cabal, marzo 24 de 2006


Guillermo Aníbal Gärtner Tobón
Profesor Asociado – Universidad Tecnológica de Pereira
Observatorio de la Convivencia, Seguridad Humana y Derechos de cualquier ser humano (sic)






Parche agregado:


“..Si conoces a los otros y te conoces a ti mismo no estarás en peligro en cien batallas; si no conoces a los otros y te conoces a ti mismo puedes ganar una y perder otra; si no conoces a los otros y no te conoces a ti mismo estarás en peligro en cada batalla.” (Sun Wu. El arte de la guerra del maestro Sun Tzu). "












1 comentario:

JUAN COLON dijo...

GUILLERMO SE ME QUEDÓ EN MI MENTE ALGO QUE ALGÚN DIA DIJISTE EN TUS CAVILACIONES EN EL SALÓN DE CLASE . . .
QUITELES A LOS POLICIAS ESOS UNIFORMES DE ROBOCOP Y A LOS OTROS QUITELES ESA CAPUCHAS Y ESA ROPA Y DEJENLOS A TODOS DESNUDOS Y EL RESULTADO AUNQUE SUENE TONTO ES ABRUMADOR, SON SIMPLES SERES HUMANOS; DONDE CADA UNO TIENE SUS CONVICIONES Y SUS ARRAIGOS PERO NINGUNO DE LOS DOS TIENE PORQUE IMPONER SUS IDEAS A LA FUERZA.
SENTEMONOS A PENSAR ENTRE TODOS, A DEBATIR DE MANERA CONCIENZUDA Y A INTENTAR COORDINAR ESFUERZOS PARA TOMAR ACCIONES QUE REPRESENTEN A TODOS LOS HABITANTES DE ESTE PAÍS.
NI LA PAPA BOMBA NI EL BOLILLO SERÁN CAPACES ALGÚN DÍA DE LLEGAR A UN BUEN ACUERDO. Y COMO DECÍAN LOS ABUELOS "ES MEJOR UN MAL ARREGLO, QUE UN BUEN PLEITO."