viernes, 28 de marzo de 2008

Dedicado a los ....

ANTROPOFAGOS
EMPOTRADOS EN EL
APARATO ESTATAL (GOBIERNO)

Un texto de Luis Tejada
para no olvidar

Dedicado a "La camarilla de lagartos antioqueños (una especie nefasta de dragones que escupen babas y fuego) que rodea al presidente e influye sobre él a fuerza de lambetazos venenosos y peligrosa adulación,... " (Héctor Abad Faciolince)

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El jueves 27 recibí de un colega y querido amigo un comentario de presentáción a un texto de Abad Faciolince el cual por la noche compartí con mis alumnos de Constitución Política invitándoles a reflexionar sobre la situación que vivimos los colombianos de una polarización en la cual se evidencia de una parte el deseo de "acabar", "destruir", "matar", "aniquilar", al OTRO.

Se expresó así el colega:

"Releyendo al clásico F. Boas sobre la comparación entre la mentalidad del humano primitivo y (el supuestamente) "civilizado" emerge la pregunta acerca de la motivación que sustenta los valores emocionales asociados a mesianismos de tantos colombianos obsesionados con la reelección para evitar el cambio de lo existente (la era uribiana) y que solo favorece a determinados sectores poderosos extranjeros y nacionales que lo promovieron y ahora lo sostienen, despertando un fanatismo que no puede conducir a nada positivo. Lo grave es que el mismo presidente lo reproduce y potencia con su actitud, como lo resalta Abad Faciolince. El aire para respirar se hace cada día mas escaso en Colombia y el proceso no se suspende...


La historia esta llena de personajes que despertaron tales emociones fanáticas y condujeron a dramas y holocaustos de humanos: el papa Urbano II (Amparado en devoción religiosa católica contra los "infieles" en Tierra Santa; Pedro El Ermitaño en Europa, la Primera y segunda Guerra Mundial (Hitler y Chamberlein entre ellos). Estos y muchos mas en los tiempos presentes de guerras en la globalización con Bush a la cabeza, conflictos interétnicos radicalizados, xenobias agudizadas por parte de grupos supuestamente "modernizados" y que han causado muertes, heridos y aterrorizamiento a los inmigrantes latinos, africanos o de Rumania o asiáticos en países europeos. Estos gobernantes o lideres religiosos han instigado el fanatismo de cualquier tipo e ilustran bien como dice el antropólogo de marras a que "el pensamiento popular esté primariamente dirigido por la emoción, no por la razón". Diríamos hoy también que se hace con eficacia a través de los medios masivos en poder que bajo el control de lo poderosos, estimulan tales emociones fanáticas y mesiánicas que han desinstitucionalizado las sociedades. En nuestro país estamos al punto y el límite!"


El retorno a estados primitivos que en virtud de la historia real se han mantenido latentes en grandes masas de colombianos poco inclinados a la racionalización y mucho si a las explosiones emotivas, glandulares, deja pensar que en la mente de muchos afectos al régimen (amén que ello es ostensible en el ministro de defensa, el de agricultura y el vicepresidente) el deseo de "devorar", "comer", al señalado como "el enemigo", hizome recordar el texto de Luis Tejada que me he permitido redigitar y tomar como tema para esta bitácora.

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ANTROPOFAGIA


Son muy raras ya dentro del aburrido panorama cotidiano, las noticias tan llenas de emoci6n, de color y de penetrante exotismo como esta que nos comunican ayer de la Costa; en las llanuras semicivilizadas de Bolívar, los indios se comieron a dos comerciantes. Es decir, un caso de antropofagia con todos sus caracteres primitivos, como ya casi no se produce en el mundo. Para encontrar la descripción de una escena semejante tendríamos que recurrir a los viejos libros sabidos y resabidos de Julio Verne o a las arcaicas crónicas de Indias.

Sin embargo, no podría haber nada más lógico, más natural y hasta más conveniente que la antropofagia; porque es evidente que la carne humana debe de reunir, distribuidas en la proporción necesaria, la cantidad de sustancias más apropiadas para el alimento del hombre mismo. La carne humana es verdadera-mente el producto de una selección de elementos nutritivos verificada en ese misterioso laboratorio del organismo; al comerla, es claro que nuestro cuerpo no tendría el trabajo de eliminar nada o casi nada; todo seria en ella aprovechable y nutritivo. He ahí el alimento completo, perfecto, integral!

No es muy difícil comprender que, por ejemplo, a una señorita convaleciente para que se robustezca rápida y completamente deberían darle carne de señorita gorda; y a un boxeador, carne de boxeador; y a un niño, carne de niño. Cada organismo podría asimilar así, fácilmente, las sustancias afines que necesita, en cierta proporción y cantidad matemáticas y que no pueden encontrarse sino en otro organismo semejante.

Es indudable que la ciencia moderna va derivando fatalmente hacia ese concepto terapéutico, el más lógico y el más eficaz de todos; ya existe una cantidad considerable de elementos medicinales que no son sino extractos orgánicos que irán a robustecer las partes similares deterioradas o fatigadas de nuestro cuerpo. Y se está propagando la creencia científica de que ciertas glándulas humanas asimiladas en alguna forma por el organismo, la rejuvenecen y hasta lo resucitan; el jugo de las glándulas adrenales inyectado sobre el corazón revive a los asfixiados y resucita realmente a los niños que nacen muertos, Esas no son, sino mane-ras científicas e indirectas de comerse uno a sus semejantes. Ese viejo precepto latino de "similia similibus curantur” es una verdadera insinuación de antropofagia.

Desgraciadamente, desde hace tiempos, los prejuicios éticos y sociales, y no sé qué invertido concepto de caridad, han colocado la carne del hombre civilizado bajo la protección de la ley, en una forma absoluta, Esta establecido que todos los animales se pueden comer, menos uno. Y esta excepción como todas las excepciones impuestas violentamente, es algo absurdo," algo contra que tendrán que reaccionar al fin los mismos hombres.

Y sin embargo, la carne del hombre civilizado debe ser sencillamente deliciosa. El hombre civilizado es un animal refinado y cuidadosamente cebada; se prepara durante toda su vida como para que se lo coman. El uso del traje y la selección especial de las alimentas, hacen de su carne alga tierno, blanco y verdaderamente suculento. Hay veces que, al ver, por ejemplo, las orejas pequeñas, vivas y rosadas de esa dama rozagante que encontramos, la primera impresión imparcial que sentimos es la del hambre; y pensamos cuan agradables serian esas orejas fritas o cocinadas en una roja salsa de tomate.

¡Ah, yo confío en que, para bien de la humanidad, llegara pronto el día de la libertad de antropofagia! "



1 comentario:

Fernando Arroyave dijo...

Me parece muy interesante su punto de vista, es una optica in-moralizada y realista. Nos parece abominable comer carne humana, porque aprendimos y nos acostumbramos a sentirlo así. Sin embargo aunque es tan lógico, que seamos antropófagos, me da un asco terrible pensar en comer o ingerir un bocado de carne humana.